The Last Son Of Zlatan






Golden Boy


La luz de luna hizo espejo en las aguas del cristalino lago Idenburg, en agosto 13 de 1769, para iluminar los dorados ojos del recién nacido cánido, en Ngga Pilimsit, Indonesia.Siguiendo las tradiciones y el acuerdo ancestral de las tribus de la montaña, solo una pareja se reproduciría por década; y tras casi un siglo de espera, la dicha del nacimiento había vuelto a la tribu Zlatan.El aullido de Kyesha, la madre, hizo eco sobre el agua y entre las rocas, anunciando al mundo la llegada de Dragan.Kyesha, quien habla pasado los meses de preñez en su forma original y así se mantendría al menos un año más, dió a luz a un curioso e hiperactivo cachorro. La experiencia dictaba que los recién nacidos serían ciegos y sordos en sus primeros días, pero tras solo unas horas estaba claro que el pequeño animal la seguía con su mirada; y que esta brillaba con una intensidad impropia de los caramelos y negros ojos de sus padres, semejando al áureo mirar de sus ancestros.Otro rito a seguir era que ambos debían pasar los primeros meses a solas, en la cima de la montaña, hasta que el hijo fuera lo suficientemente independiente para bajar a la aldea alimentaándose por su cuenta o hasta que pudiera transformarse en humano a voluntad.Como el número de su nacimiento, un año y tres meses pasaron para poder bajar, cumpliendo el primer requisito, aunque, en realidad, no sabía cazar. Tras unos meses de acompañar en las cacerías a su madre, el cachorro descubrió que si miraba fijamente a su presa, ella vendría como ofrenda a su hocico; al menos si se trataban de criaturas pequeñas. La habilidad para comunicarse con los demás animales, incluso controlarlos, no era extraña para los Zlatan, pero estás llegaban con años de práctica y experiencia, no en las meriendas de un infante.Fue con una mordida que Dragan conoció a Vukasin, su padre, y con varios gruñidos más se presentó ante el resto de la tribu, siendo la primera vez que veía criaturas más grandes que él. Algunos días y varios inofensivos ataques tuvieron que pasar para que se acostumbrara a la nueva familia y su extensión de más de cien miembros.Para los seis años ya podía correr tanto en cuatro como dos extremidades y sus travesuras habían alcanzado una nueva dimensión: vertical. Y para entonces ya tenía título irrefutable del mejor proveedor por la simpleza con la que atraía las presas, aunque para convertirse en cazador tuvieron que pasar varios años más y muchas rabietas sobre cómo no necesitaba esas habilidades.Con diecisiete años y apenas pasando el metro de estatura, su mundo volvió a expandirse, ahora conociendo la tribu vecina, una que los adultos prometieron también sería suya cuando fuera adulto y aceptara la responsabilidad junto a Kirana, una niña apenas una década mayor, quien desde antes de que ambos nacieran ya estaban destinados a unirse... O eso fue lo que sus padres dijeron, porque, claro, podían hacerlo, siendo las parejas líderes de sus respectivas tribus.Por su parte, como ya debían haberlo visto venir todos, conociendo los fuertes temperamentos de los cachorros y su infinito suplemento de energía, todo lo que hicieron Dragan y Kirana la tarde de conocerse, fue pelear; y si no fuera por la innata capacidad de su especie para regenerarse, el encuentro habría dejado más de una cicatriz. Pero eso mismo llevó a una profunda amistad, ya que ambos tenían mucho en común, quizá demasiado como para que no hubieran tantos conflictos como risas; pero sería una amistad sincera y duradera. Desgracia y deshonra habría sido para los padres y ancianos de las tribus si en algún momento hubieran descubierto que no había forma alguna de obligar a los cuerpos y corazones de los jóvenes a que su relación fuera algo más.Los años pasaron y para recibir el nuevo siglo, al menos el cuerpo de Dragan había alcanzado su tamaño adulto tanto como lobo y como humano, aunque le faltara mucho por madurar. Pero eran años de paz en su aislado paraíso y el joven no necesitaba saber más, fuera de que no había licántropo que objetara sus palabras al ser hijo de los líderes, ni animal que se resistiera a sus órdenes gracias a su habilidad.Pero esto no le bastaba, quería saber qué había más allá de las rocas y la espesa vegetación; que eran esas hormigas que en días de absoluta claridad podía notar al pie de la montaña y qué había más allá del inmenso manto azul que le rodeaba.


Continuará • • •